: La vida que no se puede tocar: La loba de mar

Cecilia

Cecilia
firmando libros

domingo, 13 de julio de 2008

La loba de mar

Cuando era pequeña oí una conversación entre una tía, hermana de mi padre, y mi madre en la que le contaba que una vecina suya, que era puta, sabía idiomas porque trabajaba en el puerto. Tenía un novio viejo que comentaba orgulloso qué culta era su... (no puedo recordar el nombre de ella). Mi madre y mi tía se reían y yo con ellas, aunque no se enteraban de que las oía y las entendía perfectamente. Esa conversación me quedó grabada a fuego y me inspiró este cuento, en realidad, me dio el empujón inicial porque la verdad que tiene poco que ver (ni siquiera aparece el viejo):


Su base de operaciones era el puerto y aledaños. Había aprendido griego, ruso, italiano... cuando aquellos rudos hombres le susurraban palabras de amor, tan fieros y tan dulces, tan necesitados.... la llamaban "la loba de mar" aunque nunca había pisado un barco. Tenía la corazonada de que un día iba a conocer a un pirata verdadero, lo reconocería por sus dientes de oro, la llevaría muy lejos de esa mugre, a la Martinica tal vez.....

¿Y por qué la Martinica? De ahí venía ella, decía, había sido la amante del Pirata Drake en otra vida. Algo malo había hecho, en el pasado, la loba, que estaba pagando ahora en ese puerto desolado, maloliente, consolando a marineros desorientados, entre vómitos de ron malo, que maldecían la puta vida que les había tocado en suerte.

El día que se produjera el milagro, todos lo sabrían... y se quedarían boquiabiertos hasta que se les cayeran las babas cuando lo vieran, tan macho, tan cruel, tan solo. Esa era la salvación de ella, de la mujer del puerto... sentir, saber, que en ese cuerpo estaba sólo de paso, esperando encarnarse en esa otra que sería amada, venerada, cubierta de todo aquello de lo que ahora carecía. No había miedo a la muerte, entonces, ya que la muerte podría ser la liberación. Por eso no dudó cuando aquél extraño hombre, que rumiaba extrañas canciones, se le acercó y le dijo al oído... "dime la contraseña, venga, no te hagas rogar" y te llevaré al cielo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La loba de mar se llamaba ADELA HOMBRE

Cecilia Denis dijo...

No me digas que se llamaba "Hombre" de apellido. Increíble!