Estas Navidades fui con mamá al Neuquén (ya aprendí a ponerlo correctamente) a ver a mis tíos (en la foto) Claudino y Chola y a mis primos, Marcela y Oscar. Llevé mi último libro de regalo para ellos. Antes de venirme, mi tío Claudino (hermano mayor de mi madre) me dio una idea para un cuento: una persona recibe un libro de un familiar y ¿qué pasa cuando lo lee?... Bueno, con esta idea, se me ocurrió el cuento que pongo a continuación, para mi tío Claudino, pues....
MI SOBRINO, EL ESCRITOR
Hace poco me llamó Luisito, hijo de mi hermano Luis y me dijo, tío, mira en la librería El Águila, ahí verás mi libro “Memorias del Sur”, se lo dediqué a papá y a toda la familia en la que te encuentras incluido, pero no te lo compres, a ti te lo mando por correo, faltaría más. Espero que te guste, ya me dirás. Efectivamente, ayer llegó un paquete pequeño con un libro también pequeño dentro, con una foto de un pueblo como el mío en la portada. Me emocioné al ver el autor, Luis Quesada, como si fuera mi hermano el que lo hubiera escrito.
Luis se fue joven y cada vez venía menos al sur. Nos fuimos desconociendo hasta no saber qué gustos teníamos, qué nos atormentaba, con qué nos divertíamos. Se casó tarde y tuvo un único hijo al que vimos menos veces aun. No tenía idea de que fuese escritor, fue una grata sorpresa.
Lo tuve varios días sobre la mesilla de la entrada, en la que pongo el correo y las llaves. Algo me impedía abrirlo y leerlo. “Memorias del Sur” debía tener que ver con nuestro pueblo y seguro que con historias que le habría contado su padre. Me daba un cierto pudor descubrir la mirada de mi hermano chico, sus recuerdos, aquellas cosas que lo habrían dejado marcado para siempre o quizás me daba miedo encontrarme yo mismo en esas páginas o tropezar precisamente con lo que había logrado olvidar. Pero al fin lo abrí y comencé, en primer lugar, con los agradecimientos y el prólogo. Efectivamente, aunque con situaciones y nombres cambiados era evidente que el libro versaba sobre nosotros, qué duda cabe, allí estaban los gemelos Páez, tan torpes como siempre, don Justo, al que molestábamos especialmente a la hora de la siesta, tocándole el timbre. Allí estaba el maestro Tomás con su carácter endiablado. Y nuestro padre, con su aire ausente y nuestra madre, tan preocupada por el qué dirán. También había cosas que no identificaba bien, probables licencias del artista. El protagonista en cuestión, primero niño, luego adolescente y joven inquieto, se enamora perdidamente de una chiquilla llamada Clara. Ella le corresponde pero a él le parece que tiene que ver mundo antes de casarse, conocer otros lugares, descubrir otras posibilidades. Ella no se anima a seguirlo, y él le promete volver y ella esperarlo. Pero cuando él vuelve ella se ha casado, no lo ha esperado como había prometido. Tienen un encuentro furtivo en el que hay tanta emoción contenida que se me pone la carne de gallina. Me produce desazón esta parte. Clara se parece a Teresa, mi mujer y efectivamente, ella y Luis tuvieron un acercamiento antes que él se fuera, pero Teresa siempre respondía a mis preguntas, “cosas de chiquillos, nada importante”. Quiero recordar cuándo fue la primera vez que Luis volvió, recrear la situación para darme cuenta si había algún rubor extraño en Teresa, si los eché en falta en algún momento… Nada, no me acuerdo. ¿Es posible que se hubiera casado conmigo por descarte, porque pensó que Luis nunca volvería? En el libro describe a su marido como un “buen hombre”, no dice nada que fuera su hermano, eso no se menciona. Mi matrimonio con Teresa fue tranquilo, normal, sin pasión, pero nunca pensé que ella pudiera ser más apasionada, quizás era eso, que la pasión se la despertaba Luis y no yo. Y la poca que hubo al principio se esfumó con los hijos, pero yo lo entendí. Así son las mujeres, pensé, por lo menos las decentes. Pero ahora tengo dudas, y lo peor de todo es que no tengo a quien preguntarle.