
Le solían contar a Emma que ella había llegado por “sorpresa”. Después de varios hijos, sus padres habían decidido cortar “el grifo”. Pero mira por dónde, un mes descubrieron que había “regalito” en el prolífico vientre de su madre, cada vez más curvo, cada vez más redondeado.
Fue un bebé grande, más de cuatro kilos, y, según su madre, en el mismo momento de verla tuvo la certeza de que esa hija iba a ser la que no la defraudaría, la que cumpliría ese destino que le había sido escamoteado… iba a ser su venganza con el mundo… ¡era tan linda!
La madre contaba que las enfermeras venían ex profeso sólo para verla, con sus ricitos, su naricita, sus grandes ojos claros…
El padre también se enamoró de Emma. Él, que no había hecho casi caso a sus otros hijos, vivía pendiente de su “bomboncito”.
Cualquiera podía pensar que, con todo ese amor derramado sobre su persona, Emma sería una niña insoportable, histérica, caprichosa. Pues no, era alegre, tranquila, todo le gustaba, con todo se conformaba… Nunca le habían pegado, pero es que pegarle, como luego contaba Emma, hubiera sido de sádicos, tan buenecita era.
Era la niña más niña que nunca habían conocido, le gustaba jugar con sus muñecas, con su cocinita, haciendo que tomaba el té con amigas que se inventaba, jugando a disfrazarse de princesa, de marquesa, de mamá, de enfermera…
Su padre le había hecho una casita de madera. Un pequeño chalecito con diferentes habitaciones, con puertas, con ventanas. Fueron juntos a comprar los muebles de la casa: la mesa del comedor, las sillas, la cama y las mesillas… Mientras jugaba con la casita, hablando sola, como si hubiera diferentes personajes, su padre la miraba extasiado… Por eso Emma no entendía por qué se había puesto a chillar de ese modo: Pero Emma, ¿qué hiciste? ¿qué les hiciste a las moscas? ¿Por qué les arrancaste las alas?
Es que no se quedaban en la casita, papá, se iban volando, pero mira, ya no les duele, les puse azúcar en la mesita, están contentas, papá, no te enfades conmigo…
Fue un bebé grande, más de cuatro kilos, y, según su madre, en el mismo momento de verla tuvo la certeza de que esa hija iba a ser la que no la defraudaría, la que cumpliría ese destino que le había sido escamoteado… iba a ser su venganza con el mundo… ¡era tan linda!
La madre contaba que las enfermeras venían ex profeso sólo para verla, con sus ricitos, su naricita, sus grandes ojos claros…
El padre también se enamoró de Emma. Él, que no había hecho casi caso a sus otros hijos, vivía pendiente de su “bomboncito”.
Cualquiera podía pensar que, con todo ese amor derramado sobre su persona, Emma sería una niña insoportable, histérica, caprichosa. Pues no, era alegre, tranquila, todo le gustaba, con todo se conformaba… Nunca le habían pegado, pero es que pegarle, como luego contaba Emma, hubiera sido de sádicos, tan buenecita era.
Era la niña más niña que nunca habían conocido, le gustaba jugar con sus muñecas, con su cocinita, haciendo que tomaba el té con amigas que se inventaba, jugando a disfrazarse de princesa, de marquesa, de mamá, de enfermera…
Su padre le había hecho una casita de madera. Un pequeño chalecito con diferentes habitaciones, con puertas, con ventanas. Fueron juntos a comprar los muebles de la casa: la mesa del comedor, las sillas, la cama y las mesillas… Mientras jugaba con la casita, hablando sola, como si hubiera diferentes personajes, su padre la miraba extasiado… Por eso Emma no entendía por qué se había puesto a chillar de ese modo: Pero Emma, ¿qué hiciste? ¿qué les hiciste a las moscas? ¿Por qué les arrancaste las alas?
Es que no se quedaban en la casita, papá, se iban volando, pero mira, ya no les duele, les puse azúcar en la mesita, están contentas, papá, no te enfades conmigo…
3 comentarios:
En la foto tengo 3 años.
Ah, bueno, fui yo la del comentario....
q preciosa!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! jajaja pero si tienes la misma nariz q ahora...no lo entiendo...q pasó en medio para q hicieras algo al respecto? jajaja pero q monísima e igualita ahora:con q dulzura le quitaba las alas a las moscas igual q ahora cuando te dice lo guapa q estás, lo bien q te ve...con esos kilitos q has cogido! jajajaja es broma. Bss
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