: La vida que no se puede tocar

Cecilia

Cecilia
firmando libros

viernes, 25 de julio de 2008

EMMA FUE FELIZ ENTRE LAS ESTRELLAS

Emma había estado muchos años con Pedro. Demasiados, decía ella. ¿Por qué había iniciado esa relación? Pedro no le resultaba atractivo físicamente. Pero esto Emma no lo podía decir, ni siquiera lo podía pensar, tan sacrílego era dar prioridad al físico sobre la mente.
Era una frivolidad inaceptable. Lo importante era la inteligencia, la coherencia ideológica, el compromiso… Qué tontería pretender que la enamoraran…. Menuda estupidez pequeño burguesa…. Emma osó sugerirle que fuera más seductor, que le hiciera rodeos, que no fuera tan “al grano” como solía hacerlo cada noche. Pedro le dijo que hacer eso sería una impostura, una mentira, que sería algo forzado, inventado, para lograr lo que era desde el principio el objetivo. Emma no quiso entonces que se esforzara. Vale, déjalo, no dije nada. Otra renuncia, ¿y cuántas iban?
Pedro reunía todas las condiciones “teóricas”. Era un tío brillante, culto, divertido…, Emma lo escuchaba con interés porque pensaba que siempre tenía algo que aportar, aunque a veces resultara algo pesado o monotemático.
Pero con el tiempo, le iba pareciendo cada vez más monocorde, con filias y fobias en ascenso, reiterativo hasta la agonía. Pedro dejó de ser divertido… Ella observaba con espanto cómo las mismas cosas que le habían parecido simpáticas de Pedro se habían transformado en algo monstruoso, odioso. Cada vez tenía menos ganas de contacto sexual con él. Se había convertido en esas mujeres a las que les “duele siempre la cabeza”.
Cuando ya no pudo más, lo abandonó, no sin resistencias por parte de Pedro. Se sacó esa losa de encima pero otras losas ocuparon su sitio. ¿Habría hecho bien? La duda y la culpa la reconcomían.
Y en esas estaba cuando conoció a Luis. Primero no le hizo mucho caso, pero había algo en su sonrisa y en el brillo de sus ojos que fue dejando huella. La atracción física era enorme, como enorme era su estilo de insinuarse, de aproximarse, de iniciar esa preciosa “danza” que los llevaba al cenit una y mil veces. Pero, en la vida de Emma siempre había peros, Luis no tenía ni siquiera terminado el bachillerato, tenía faltas de ortografía, no estaba precisamente acostumbrado a manejarse con abstracciones, aunque, y esto ella debía reconocerlo, tenía una enorme curiosidad y deseos de aprender.
Emma se avergonzaba de Luis y lo tenía oculto. No lo presentaba a sus amigos que sospechaban y preguntaban.
Mientras se debatía en su particular lucha, Luis la invitó a Cádiz. Él era fanático de Cádiz. Emma había ido con Pedro una vez, y sí, es bonito…
Bonito no, ¡es único!
A Emma no le había parecido para tanto, pero ¿para qué discutir?
Se fueron a Zahora, un sitio en medio de la nada. Luis deshizo su equipaje y sacó unos tremendos prismáticos. ¿Y eso? ¿es para ver África?
Ya verás, es una sorpresa. Luis le sonreía enigmáticamente.
¿Sorpresa? Nunca le habían preparado una sorpresa. No sabía Emma si le gustaban o no las sorpresas.
Venga, Luis, dímelo, ¿qué sorpresa es?
Hasta esta noche no lo sabrás, venga, no seas niña y aprende a esperar…
Y esa noche, Luis la llevó al mismo centro de las huertas, donde no llegaba ni un rayito de luz artificial, y cuanto más se adentraban en lo oscuro, se iba acentuando un maravilloso cielo, que se veía curvo, plagado de estrellas, palpitante, vivo…. En uno de los senderos, Luis colocó unas toallas y la invitó a tumbarse boca arriba, con el universo entero desplegado encima de ellos. Le puso los prismáticos en los ojos y comenzó a enseñarle… Sirio, la más brillante, la estrella polar, quieta en el horizonte, el camino de Santiago, jirones de gasas blancas, Orión (¿Orión? Emma se acordó del replicante de Blade Runner)
Nunca había visto todo aquello, por primera vez se dio cuenta que nunca había mirado el cielo, y le dio por pensar qué estaría haciendo si en lugar de Luis fuera Pedro su compañía en esa noche. Seguramente comentar las noticias, ver una película por televisión, leer un libro… nada parecido a esa magia que Luis desplegaba como un maestro.
Pero, ¿cómo sabes tanto del cielo?, le dijo.
Desde pequeño me quedaba horas mirando. Es que quería ser astronauta, ¿sabes? Cosas de chiquillo. Me compraba mapas del firmamento y me divertía intentando identificar las estrellas, las constelaciones, los planetas…. Pero hoy hay más sorpresas, ¿a que no sabes qué día es hoy? Hoy es San Lorenzo, la lluvia de estrellas, las Perseidas, dentro de un rato verás más estrellas fugaces que en toda tu vida…
Y éste era el hombre del que se había avergonzado, que había ocultado. ¡Qué injusta había sido!
Iban contando las estrellas que caían, y a cada una, Emma sentía que algo quizás parecido a la felicidad le iba llenando el pecho. Y llegaron a contar veintisiete.

LA NENA DE PAPÁ



Le solían contar a Emma que ella había llegado por “sorpresa”. Después de varios hijos, sus padres habían decidido cortar “el grifo”. Pero mira por dónde, un mes descubrieron que había “regalito” en el prolífico vientre de su madre, cada vez más curvo, cada vez más redondeado.
Fue un bebé grande, más de cuatro kilos, y, según su madre, en el mismo momento de verla tuvo la certeza de que esa hija iba a ser la que no la defraudaría, la que cumpliría ese destino que le había sido escamoteado… iba a ser su venganza con el mundo… ¡era tan linda!
La madre contaba que las enfermeras venían ex profeso sólo para verla, con sus ricitos, su naricita, sus grandes ojos claros…
El padre también se enamoró de Emma. Él, que no había hecho casi caso a sus otros hijos, vivía pendiente de su “bomboncito”.
Cualquiera podía pensar que, con todo ese amor derramado sobre su persona, Emma sería una niña insoportable, histérica, caprichosa. Pues no, era alegre, tranquila, todo le gustaba, con todo se conformaba… Nunca le habían pegado, pero es que pegarle, como luego contaba Emma, hubiera sido de sádicos, tan buenecita era.
Era la niña más niña que nunca habían conocido, le gustaba jugar con sus muñecas, con su cocinita, haciendo que tomaba el té con amigas que se inventaba, jugando a disfrazarse de princesa, de marquesa, de mamá, de enfermera…
Su padre le había hecho una casita de madera. Un pequeño chalecito con diferentes habitaciones, con puertas, con ventanas. Fueron juntos a comprar los muebles de la casa: la mesa del comedor, las sillas, la cama y las mesillas… Mientras jugaba con la casita, hablando sola, como si hubiera diferentes personajes, su padre la miraba extasiado… Por eso Emma no entendía por qué se había puesto a chillar de ese modo: Pero Emma, ¿qué hiciste? ¿qué les hiciste a las moscas? ¿Por qué les arrancaste las alas?
Es que no se quedaban en la casita, papá, se iban volando, pero mira, ya no les duele, les puse azúcar en la mesita, están contentas, papá, no te enfades conmigo…

miércoles, 23 de julio de 2008

Fotos

Llevo dos días intentando pegar un vínculo a un álbum de fotografías de paisajes, pero ha sido imposible. Así que lo pongo directamente como una entrada. Pinchad, pues:

http://picasaweb.google.es/ceciliadenis05/AlbumPaisajes1

lunes, 21 de julio de 2008

En el Summercase


El sábado pusimos un stand en el Summercase (para el que no lo sepa es un festival de rock). Fué duro, hubo que cubrir nueve horas cada día (viernes y sábado) con 45º a la sombra y en medio de un erial (en Boadilla del Monte). A ratos nos preguntábamos que qué hacíamos allí pero luego la gente, gente jovencísima que firmaba por los derechos humanos en China, contestando con un enérgico ¡por supuesto! a nuestra invitación para hacerlo, gente que se ponía en las camisetas las pegatinas con el lema "Grita!" contra la tortura, gente que reconocía nuestra labor de hormiguita, de simples voluntarios de a pie, nos dieron la respuesta: vale la pena.


domingo, 13 de julio de 2008

Y tenía veinte años....



... Y estaba en la terraza de mi casa, en Villa Pueyrredón, Buenos Aires, Argentina. Con una falda amarilla y con flores de colores que era de mi hermana. Se la "robaba" cada vez que podía. Lo que más me sorprende es que yo creía (estaba convencida) que tenía piernas gordas y que era fea. No me gustaba nada a mi misma. Espero que ahora, que tampoco me gusto, siga igual de equivocada :-)




La loba de mar

Cuando era pequeña oí una conversación entre una tía, hermana de mi padre, y mi madre en la que le contaba que una vecina suya, que era puta, sabía idiomas porque trabajaba en el puerto. Tenía un novio viejo que comentaba orgulloso qué culta era su... (no puedo recordar el nombre de ella). Mi madre y mi tía se reían y yo con ellas, aunque no se enteraban de que las oía y las entendía perfectamente. Esa conversación me quedó grabada a fuego y me inspiró este cuento, en realidad, me dio el empujón inicial porque la verdad que tiene poco que ver (ni siquiera aparece el viejo):


Su base de operaciones era el puerto y aledaños. Había aprendido griego, ruso, italiano... cuando aquellos rudos hombres le susurraban palabras de amor, tan fieros y tan dulces, tan necesitados.... la llamaban "la loba de mar" aunque nunca había pisado un barco. Tenía la corazonada de que un día iba a conocer a un pirata verdadero, lo reconocería por sus dientes de oro, la llevaría muy lejos de esa mugre, a la Martinica tal vez.....

¿Y por qué la Martinica? De ahí venía ella, decía, había sido la amante del Pirata Drake en otra vida. Algo malo había hecho, en el pasado, la loba, que estaba pagando ahora en ese puerto desolado, maloliente, consolando a marineros desorientados, entre vómitos de ron malo, que maldecían la puta vida que les había tocado en suerte.

El día que se produjera el milagro, todos lo sabrían... y se quedarían boquiabiertos hasta que se les cayeran las babas cuando lo vieran, tan macho, tan cruel, tan solo. Esa era la salvación de ella, de la mujer del puerto... sentir, saber, que en ese cuerpo estaba sólo de paso, esperando encarnarse en esa otra que sería amada, venerada, cubierta de todo aquello de lo que ahora carecía. No había miedo a la muerte, entonces, ya que la muerte podría ser la liberación. Por eso no dudó cuando aquél extraño hombre, que rumiaba extrañas canciones, se le acercó y le dijo al oído... "dime la contraseña, venga, no te hagas rogar" y te llevaré al cielo.

martes, 8 de julio de 2008

Un cuadro de Hopper y un diálogo


- Creo que nunca fuimos felices.

- Mmmm?

- Estuve pensando en ello todo el día.

- Demasiado tiempo libre es lo que tienes.

- Y no sólo hoy, en realidad lo llevo pensando hace tiempo.
No sé por qué estamos juntos tú y yo.

- Esther…! No empieces que ya sabes cómo acabamos, déjame leer el periódico.

- Bueno, no es verdad, recuerdo una noche en la playa, una enorme luna roja en el cielo, y los dos con el corazón sobrecogido, me dio miedo y me acurruqué a tu lado y tú me apretaste fuerte, con los dos brazos, todavía lo siento….

- ¡Qué barbaridad! Reventó un volcán y se tragó a un pueblo entero. Yo no sé cómo esa gente se pone a vivir en un lugar tan peligroso. Les gusta jugar a la ruleta rusa…..

- Nunca más te sentí cercano, y cuando lo quise hablar siempre me has cambiado de tema. No le das importancia a mis estados de ánimo y a lo que te quiero contar, como lo del piano. A veces lo pienso, no era mala pianista, me decían en el conservatorio que prometía, que insistiera, que podría llegar a ser alguien…

- No dabas ni una, no te acuerdas? Además siempre fuiste muy vaga

- Ves? tú siempre dándome ánimos, así quién iba a seguir contra viento y marea? imposible, nunca me apoyaste, ni en esto ni en nada, cada vez más enfrascado en tus cosas.

- Ostias! Un tío con un subfusil se cargó a toda su familia y a un vecino que pasaba por ahí. Esos americanos…. Después de lo de Vietnam quedaron todos un poco locos…..

- Loca me voy a volver yo si sigo así…

- Uffff, Está claro que no voy a poder seguir leyendo el periódico… (Lo dobla y lo cierra). A ver, ven aquí chiquitina, dime qué te pasa hoy, ¿será que empieza la primavera?

Ella se levanta y se acurruca junto a él, con un mohín de niña pequeña…..