
Los días 4 y 5 de agosto organizamos un encuentro llamado: "La lucha por los derechos humanos: perspectiva en el 60 aniversario de la Declaración", en la Universidad de Verano de la Complutense en El Escorial.
¡Sólo 60 años! ¿Qué podemos pretender, entonces? Estuvieron el Director de la Sección Española de Amnistía Internacional, Esteban Beltrán, el periodista Vicente Romero y el catedrático Martínez Cuadrado en el primer día del curso. Resumiendo la intervención de Esteban vimos cómo ese primer paso visionario dado en el año 1948 fue desnaturalizado por estrechos intereses políticos. Así ocurrió durante la guerra fría donde mientras un bando negaba los derechos civiles y políticos, el otro relegaba los derechos económicos y sociales. La esperanza en los derechos humanos afloró con el final de la Guerra Fría, pero se truncó con el estallido de los conflictos étnicos y la desintegración de algunos Estados. Imperaba la impunidad generalizada por las violaciones de derechos humanos. Los atentados del 11s no hicieron más que agudizar esta situación restringiendo libertades, alimentando las sospechas, el temor y la discriminación. En el 60 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos el panorama es desolador. Vimos el documental que hicieron Vicente Romero y Baltasar Garzón sobre centros de detención en Iraq y Afghanistán, Guantánamo y Abu Ghraib, llamado "Las Tinieblas del Poder". En la mesa redonda se hicieron patentes las diferentes posturas. La pesimista que encarnaba Vicente Romero: no se puede hacer nada porque son intereses económicos de enorme magnitud y de alcance global que no sabemos quiénes son ni se pueden controlar. Según nos dice Vicente Romero, no son los gobiernos, ni los partidos políticos, ni los Estados, nos tenemos que preguntar a qué Consejos de Administración pertenecen. La optimista, encarnada en el catedrático Martínez Cuadrado que pone sus esperanzas en los organismos internacionales y la de Amnistía, que, dentro del panorama desesperanzador ve posibilidades de cambio, especialmente por la movilización de la población cada vez más impaciente ante la negativa de los gobiernos a impartir igualdad y justicia.
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